Essays on Environment by Rosemary Walmsley

Parque Nacional de Yasuní

¿Está funcionando? ¿Funcionará en el futuro?

Cuando se considera los asuntos objetivamente, es claro que lo mejor, al menos a largo plazo, sería mantener la selva tan virgen como sea posible. Es obvio que explotar las reservas de petróleo que están en el subsuelo del Parque expondría el bosque a muchos peligros, y tendría un impacto enorme en el entorno natural. La explotación de las reservas causaría mucho daño y perturbación en sí misma, pero los impactos no serían limitados a eso. La contaminación provocada por la industria de extraer petróleo y la necesidad de desarrollar la selva para dar acceso a los mineros también destruirían a la riqueza natural de Yasuní, que ha perdurado allí desde el Pleistoceno. Lo más irracional sería perder este recurso, que podría durar y darnos beneficios para siempre, para satisfacer a la avaricia transitoria de la humanidad.

Por eso, espero que el proyecto Yasuní tenga éxito.

Ha triunfado de algunas maneras. Por ejemplo, cuenta con el apoyo público de celebridades, del presidente de la ONU, Ban Ki-Moon, ¡al actor famoso Leonardo di Caprio! Unas organizaciones también han mostrado su apoyo de una manera muy pública, como la Sociedad Geográfica de los EE.UU. que ha tenido una exposición sobre el proyecto a su oficina central.

Claro que otro aspecto clave del éxito de la Iniciativa sería si pudiera atraer la inversión deseada. Al fin de 2011, el gobierno ecuatoriano anunció que había recibido más de los 100 millones de dólares que había pedido al inicio del proyecto. Eso parece indicar que la iniciativa innovadora ha cumplido su propósito de poder desarrollar estas comunidades sin destruir el bosque del que dependen.

Sin embargo, el proyecto entero está basado en una idea ajena a la mayoría de las corporaciones transnacionales que suelen explotar el petróleo: la idea que hay cosas más importantes que las ganancias generadas por la venta de petróleo, lo que es igual a la venta de la destrucción medioambiental en términos del efecto que tiene.

También, supone trastocar las relaciones tradicionales entre los países ricos, los países en vías de desarrollo y las empresas petroleras. La gente asumía que los países pobres con reservas de petróleo acogerían a los explotadores de petróleo porque el dinero que generó la explotación avivó la economía. Por eso, los comercios no se preocupaban por la destrucción medioambiental que causaron, ya que su único propósito era ganar dinero para complacer a sus inversores. Para hacer eso, sólo tuvieron que obtener el petróleo a un costo mínimo.  No necesitaba cuidar al medioambiente: los banqueros de Wall Street, de quienes dependen, nunca vería la estela de destrucción que los comercios habían dejado en la naturaleza de Latinoamérica o cualquier otro lugar. Para mí, un gran beneficio del proyecto Yasuní, y de otros proyectos parecidos, es que reivindica los derechos de la gente nativa, la gente ecuatoriana en este caso, de determinar el futuro de su país. Sin embargo, para que pase esto, requerirá un cambio enorme de actitudes. Desafortunadamente, mucha gente que encabeza a estas corporaciones transnacionales nunca se dará por vencido, y tendrá muchas estrategias para obtener lo que quiere. Cuando se solicita el empleo de “Director Ejecutivo de Petrolero Multinacional”, es probable que no se incluya su afecto por toda la humanidad entre sus capacidades claves.

En este momento, el destino del Parque Yasuní está en juego. En julio, el gobierno de Rafael Correa proclamará sobre el futuro del proyecto. Es posible que vaya a decir que se permitirá la explotación en los años que viene.

Desde mi punto de vista, eso sería una tragedia que me haría muy pesimista, no sólo en términos del futuro del bosque, no sólo en términos del futuro de Ecuador, no sólo en términos del futuro de Latinoamérica, sino también en términos del futuro de la humanidad.

Para mí, la Iniciativa de Yasuní es un símbolo de la esperanza que podremos hacer lo bueno para  el planeta a largo plazo, que demuestra que la búsqueda incesante no tiene que prescribir nuestro destino. Su éxito, o su falta de éxito, aunque parece ser un área bastante pequeña, es emblemático de algo con consecuencias profundísimas.

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